martes, 9 de abril de 2013

Empleo. Por Jose Antonio Fernández Rincón.




Al concepto de “empleo” se le atribuye más de un significado. Desde una perspectiva, puede entenderse como la acción y el efecto de generar trabajo y ofrecer puestos laborales. Como sabrán, emplear es un verbo que hace referencia al hecho de mantener ocupado a un individuo (ya sea, solicitándole un servicio o contratándolo para una determinada función remunerada), invertir dinero en una compra o, simplemente, utilizar algo.
Por otra parte, el vocablo se usa para mencionar una ocupación u oficio. En ese sentido, se lo suele aprovechar como sinónimo de trabajo.
Pero no parece oportuno dejar esta definición de empleo fría y técnica que nos describe una palabra cuya significación y sentido transfiere los límites de lo simplemente definible.
Es cierto que el empleo, tal y como lo conocemos hoy proviene de las épocas de la esclavitud, donde los amos utilizaban a éstos para sus trabajos, casi siempre  remunerados  con la mera comida o el simple cobijo.
Paradójicamente el empleo, el trabajo, ha evolucionado en muchas formas pero nunca ha dejado de ser un motivo de esclavitud.  Esclavitud ésta entendida como la extrema necesidad de tenerlo para subsistir en un mundo donde el capitalismo se ha apoderado de nuestras vidas, de nuestra forma de vida e incluso de nuestra dignidad como personas.
Por tanto lo que desde pequeño nos enseñaron como un símbolo de autonomía personal, de dignidad personal y de la máxima expresión de ser y sentirse personas.  Esto no es más que una incrustación de una concepción del trabajo en nuestra socialización y por ende en nuestras vidas de los poderes establecidos e incluso me atrevería a decir que del fascismo puro. Hecho este fácilmente demostrable, por ejemplo, en la leyenda que rezaba a la entrada del campo de concentración de Auschwitz.
Pero dicho esto, hoy en día parece una quimera cambiar el paradigma forjado a través de los siglos en torno al empleo. Es nuestra obligación, una vez dentro del sistema, asumir estos conceptos y adoptar una visión positivista y sobre todo social,  integradora y esencialmente colaboradora con respecto a los que carecen de él.
Lamentablemente la evolución socioeconómica de los países llamados “desarrollados” ha traído como consecuencia una involución de las tasas de empleo en general y un descendimiento de las protecciones sociales, logros, éstos si, conseguidos a base de esfuerzos personales y colectivos y en muchos caso a consta de sangre derramada. En otros países, siquiera se ha encontrado esta problemática pues ya existían carencias vitales esenciales como el empleo o servicios sociales mínimos.
El hombre, las personas, somos libres al nacer, es la socialización, la educación formal, no formal e informal recibida la que nos hace ser tal y como somos. Entendamos pues la educación como el concepto esencial en la creación de nuestros ser y por ende de nuestras mentalidades.  
Una vez situados en la situación actual, la capacidad de entender la falta de empleo como una problemática adquirida históricamente e interiorizada como tal, nos lleva a hacer necesaria una doble actuación.
Por un lado posicionarnos en la lamentable realidad y entender que somos personas con necesidades esenciales que hacen necesaria una actitud intensa, alejada de victimismos o de pesimismos que nos lleven al desánimo y plantearse la búsqueda y mejora de empleo como un camino motivador en nuestras vidas. Alguien decía que la felicidad está en el camino de conseguir ésta. Pues bien, en la búsqueda de empleo es donde debe de estar la esencia, el motor que nos impulse cada día a descartar nuestras voluntades contrarias y encontrar ilusiones, proyectos, metas que nos lleven a la felicidad de la búsqueda y/o mejora de nuestra situación laboral.
Por otro lado una vez convencidos de que la falta de ello no nos hace ser mejor o peor personas, no nos hace ser más o menos dignos que nadie. Emprendamos el camino del crecimiento personal en forma de educación, porque esta, en cualquiera de sus ámbitos, nos hará más fácil el camino. El trabajo no es más que un instrumento de supervivencia, este camino se debe recorrer con la concienciación y motivación anteriormente descrita, pero también con las herramientas necesarias, en forma de capacidades y habilidades.
No nos hace ni dignos ni libres el trabajo. Lo que nos hace ser personas es la formación, el conocimiento y el crecimiento personal. Uniendo la realidad y práctica necesaria con sus actuaciones correspondientes, con el desarrollo interno, la mentalización del descarte de los conceptos  materialistas inculcados. Todos somos capaces de encontrar ese halo de felicidad que no está sólo en el trabajo o en el empleo como forma de vida. Construyamos nuestra personalidad, preparemos nuestras mentes y llenemos los bolsillos de recursos intelectuales y de relaciones que hagan que este camino en busca de la mejora o consecución de empleo sea un apasionante viaje a través de nuestras vidas.
Ser hombres y mujeres  dignos y dignas  es simplemente tener un espíritu crítico, transformador que nazca de nuestra propia motivación.
Empleo es instrumento. Vida somos nosotros.  

Fdo. José Antonio Fernández Rincón.

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