martes, 9 de abril de 2013

Historias de Vida.Por José Antonio Fernández Rincón. Mi Vida.

Hijo del franquismo, criado en la transición, en los valores de la democracia y de la libertad. Y formado como persona en los valores del trabajo, el respeto,  la humildad y la lucha y el compromiso personal y social.
Tengo 44 años, mi familia en aquel año del 69 del siglo pasado era humilde, vivíamos en una habitación. Mis padres inmigraron a la capital algunos años antes. Afortunadamente mi padre tenía una profesión, el era carpintero  aunque siempre fue trabajador por cuenta ajena. Mi madre trabajadora en casa y fuera de ella, cosiendo, limpiando, y lo que hiciese falta para mantener lo poco que teníamos que era mucho: una familia trabajadora digna de cuatro miembros. A los dos años de yo nacer nos cambiamos de vivienda, mis padres trabajaban en Ibiza, él de carpintero y mi madre en el servicio de un hotel en Ibiza. Con esas “vacaciones” durante algunos años mis padres consiguieron dar la entrada de  un piso pequeño que mejoraba con creces la habitación donde vivíamos. Después me di cuenta que por suerte vivíamos en el barrio de San Lorenzo de Sevilla, pero eso fue una casualidad.
Estudié EGB en un colegio concertado del centro de Sevilla y con más pena que gloria conseguí obtener el graduado escolar. A continuación continué los estudios de bachillerato en el Instituto San Isidoro de Sevilla. En segundo de bachillerato con 16 años me llamaron del INEM para un trabajo de aprendiz de farmacia y aunque no obligado por mis padres, si era consciente de las circunstancias familiares y de la necesidad de ingresos en mi familia y ahí comencé a trabajar. Aunque intenté continuar los estudios de bachillerato en nocturno, la edad, la visión de un adolescente de la vida y el servicio militar voluntario, se cruzaron en el camino de mis estudios y los abandoné.
Posteriormente, al volver de la mili, me reincorporé a la farmacia donde ya no era aprendiz, ya era ayudante, entre medicinas, fórmulas magistrales, atenciones a los clientes, reparto de medicamentos a casas particulares y el ejército se forjó mi primera juventud. Inquieto por conseguir alguna titulación me preparé las pruebas de madurez para obtener el título de Formación profesional de Técnico Auxiliar de Farmacia y lo conseguí.
Justo frente a aquella Farmacia vivía una chica morena que posteriormente se convertiría en mi mujer y que casi siempre con una excusa absurda entraba a la farmacia. -¿Me das Juanolas?, jejeje.
En fin el noviazgo se forjó y al margen de él se me ofreció la oportunidad de trabajar en otra Farmacia cerca de casa de mis padres. Allí ya, durante 12 años más fui Auxiliar de Farmacia.
El noviazgo de 8 años desembocaba inexorablemente en boda  y así fue. De modo que ya nos convertimos en una familia que se llenó con dos hijos.
Con 32 años decidí que la experiencia laboral de la farmacia estaba caduca, decidí abandonar la zona de confort de mi vida y me lancé a un proyecto empresarial que, dirigido por un amigo pretendía establecer en Sevilla tres Unidades de Estancia Diurnas para Personas Mayores. Una aventura sin duda que afortunadamente y no sin esfuerzo salió bien.  Durante tres años estuve ejerciendo en esta empresa de subdirector.
La experiencia caducó al poco tiempo, problemas entre los jefes perjudicaron a quienes no teníamos culpa de nada. Y de repente, con 35 años me encontré en el paro con dos hijos una de ella recién nacida. Entonces decidí que no podía quedarme quieto. Contacté con un amigo de la infancia que tiene una empresa de mensajeros y transportes y allí entré de comercial. Pero lo menos que hacía era comercial, hice de administrativo, de transportista y cargador de muebles de IKEA, de mensajero de jefe de tráfico y de todo lo que cabía en una empresa donde no había horarios. Siempre le estaré agradecido a mi especial amigo esa oportunidad que me dio. Durante casi dos años estuve allí. Hasta que me presenté a un puesto en una administración local. Entré de administrativo y allí sigo. Como personal laboral eso sí, pero sigo.
Mi mujer trabaja en horario partido en un trabajo bastante duro y el año pasado cuando mi hijo mayor cumplió 14 años y mi hija 10, decidí sacarme la espina que durante muchos años tuve clavada. Ser universitario. Después de hablar con mi mujer y mis hijos, me preparé el acceso a la Universidad para Mayores de 40 años y me matriculé presencial en la Facultad de Ciencias de la Educación para estudiar Pedagogía.
Hoy, con 44 años trabajo, estudio, sigo con mi compromiso social, intento ayudar en mi casa, pese a que salgo a las 6:15 de la mañana y vuelvo cerca de las 22:00 horas, los fines de semana estudio y compagino mi papel de padre y esposo. Evidentemente todo un esfuerzo personal y familiar que son los verdaderos sacrificados.
Ahora curso segundo de Pedagogía 4 matrículas de honor, cuatro sobresalientes y tres notables fueron mis calificaciones el año pasado, y el primer cuatrimestre de este año también aprobé todas. Lo que empezó como un sueño ahora es un proyecto, lo que era cumplir el sueño de ser universitario ahora se convierte en proyectos laborales que ayuden a mi familia y a mi vida.
La vida operativa que me quede quiero construirla yo, ahora sí. Ya no quiero ser tronco arrastrado por la vida. Sino el cauce mismo de ella.

José Antonio Fernández Rincón.

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