martes, 9 de abril de 2013

Historias de Vida. Por Nazareth Ojeda Torres. “Mi trabajo, mi tesooooro”

Definitivamente, está claro que hoy día tener un empleo se ha convertido en un lujo, una quimera, un bien que solo algunos poseen o al que sólo unos pocos pueden acceder. Y los que tienen la enorme suerte de tenerlo viven con miedo a perderlo, aguantando lo inaguantable, sin protestas, sin derecho a réplica, sin decir ni “mu”, por miedo a las represalias y a la carta de despido. Porque sí, señores/as, en este país despedir hoy día, es más barato y mucho más fácil.

Yo sólo puedo hablar desde mi experiencia personal, tengo 31 años y soy pedagoga. Como la gran mayoría, me he pasado – y me paso - mucho tiempo invirtiendo dinero y esfuerzo en recibir una formación y una preparación para, en un futuro, poder optar a un empleo con unas mínimas condiciones, pudiéndome así asegurar una calidad de vida y una tranquilidad. He trabajado en todo lo que se iba presentando, unas veces teniendo más suerte y otras, no tanta. Hasta que por fin llegó una oportunidad en la que me sentía plena, podía aplicar todo lo que había aprendido, desarrollarme por completo y no dejar de adquirir nuevos conocimientos…en definitiva, una gran oportunidad. Las perspectivas eran muy buenas, todo parecía ir sobre ruedas, pasó el tiempo y había indicios de proyecto a largo plazo, pero por motivos “ajenos a la organización”, todas esas perspectivas se esfumaron como una nube de humo y el proyecto terminó.


Así que he vuelto a la situación de desempleada, o “en paro” –término que no me gusta nada utilizar porque da la impresión que las personas desempleadas están paradas, sin hacer nada productivo y nada más lejos de la realidad-. Teniendo que aguantar frases de celebridades y/o políticos, tales como “En España no aumentará más el paro porque ya hay muchos parados. Hay menos gente que pueda perder el empleo” o “En España sobran universitarios y profesores”.

Empiezas a moverte, agotas todos los recursos de búsqueda de empleo, dedicándole al día casi las mismas horas o más que una jornada laboral y piensas “¿Por qué no me actualizo y renuevo mis conocimientos? Es una buena oportunidad”. Entonces, intentas acceder a los cursos de Formación Profesional para el Empleo, y te das cuenta que tienen preferencia los menores de 30 años y los mayores de 45… ¿Qué ocurre con los que nos encontramos entre los 30 y los 45? ¿Acaso no tenemos necesidad de formación? Teniendo en cuenta que la mayoría de los que pertenecemos a esa franja de edad, estamos independizados con una hipoteca que pagar y algunos con hijos a los que mantener…

 
¿Qué hago entonces? Y si protesto tampoco sirve de nada porque los que tienen que escuchar, no escuchan o dicen que “protestamos sin argumentos”. Están demasiado centrados en otros temas…Desde luego que hay que ser sinWERTgüenza….
En fin, que encontrar y/o mantener un trabajo hoy día se ha convertido en una tarea más agónica e imposible que la que le encomendaron a Frodo en “El Señor de los Anillos”, así que mañana me pondré un capa y echaré un poco de pan de higo al bolsillo..a ver si así, tengo más suerte entregando currículums (o al menos me contratan de extra en alguna película).

Por Nazareth Ojeda Torres.

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